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La queja es una expresión que manifiesta una molestia hacia algo o alguien y es una herramienta que bien usada puede ayudar a mejorar y a hacer más llevaderas ciertas circunstancias.

Los argentinos hacemos uso indiscriminado de la queja y la dirigimos con la misma fuerza tanto hacia uno mismo como a terceros.

Los motivos son variados y bien fundamentados, pero es insalubre vivir anclados en esta perspectiva quejosa cuando la molestia no tracciona para darle paso a algún beneficioso cambio de actitud.

La palabra queja tiene una connotación negativa porque se origina en algo desagradable. No tiene distinción, atraviesa todas las edades y clases sociales.

Si pregunto ¿Y vos de qué te quejas?

Se abre un abanico inmenso que abarca al todo y la nada

Cuesta encontrar a la persona que no se sienta afectada por alguna situación.

Hay quienes dicen:

¡Gracias a Dios no me quejo! ¡No me falta nada! Tampoco me sobra.

¿A quién no le gustaría ver siempre el vaso medio lleno?

En la compulsa de la queja entre los jóvenes hay un claro ganador.

La respuesta es la siguiente:

¡Me quejo cuando se corta Internet!

Los centennials protestan cuando les falta el ciberespacio y con razón porque hace más de un año que sus vidas se desarrollan a través de las pantallas y las redes sociales.

¡No se enojen chicos! Internet se interrumpe sólo por un rato, no se va a ir nunca de nuestras vidas.

Hay otro tipo de quejoso que lo denomino “el variopinto” porque no importa de qué, el tema es quejarse. Paso a detallar:

Del frío, del calor, del ruido, del país, de los hombres, de las mujeres, de la vida.

No es posible encontrar alivio para este grupo porque siempre habrá un motivo real y no hablo de brindar como decía la publicidad de sidra.

Acá me detengo para hablar de nosotras que a veces pasamos de la queja al sufrimiento sin escalas porque en ocasiones no respondemos a los estereotipos de belleza hegemónica (léase linda, delgada y joven) y entramos en un padecimiento que hoy las nuevas generaciones nos enseñan a repensar y ni que hablar de las tareas del hogar que de a poco vamos aprendiendo a delegar:

¡Hoy no cocino, hoy no lavo, hoy no plancho!

Sí chicas, compartamos las tareas del hogar en familia así nos quejamos todos.

Párrafo aparte para el primer puesto de la queja que es del orden social, político y económico. Injustamente paga el pato la política que no es mala per sé sino que son ineptos quienes la gestionan a favor propio y no de los ciudadanos.

La queja hacia la economía es vista como un todo que incluye precios, servicios que funcionan mal e impuestos que están por las nubes.

Podríamos escribir un extenso libro que se llame “Las mil y una quejas”.

Tal vez lo mejor sería que cada vez que nos quejemos pensemos si podemos hacer algo para cambiarlo y sino ya sabemos, que si no tiene solución no es un problema.

¿Entonces para qué quejarse?

 

Lic. Mora Toria

(Matrícula en trámite)

 

PD: Si no le gustó este artículo, no dude en quejarse con la gerencia.

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